Fina estampa

Es lo que tiene tener padres mayores, que te inculcan cosas que no te habrían inculcado otros, que te dan la oportunidad de disfrutar de voces de las de antes, de las de siempre.

Resulta que mis padres siempre quisieron ir a un concierto de María Dolores Pradera y nunca lo hicieron, seguramente para dar a sus hijos cualquier otra cosa. Se conformaron con los discos de vinilo primero y las cintas de cassette y los CDs después. Ellos lo recordaban hoy con pena, yo les escuchaba con rabia, quizás pensaron que habría otra ocasión más adelante, ocasión que nunca tendrán. Al final va a ser verdad que el potro da tiempo al tiempo porque le sobra la edad, caballo viejo no puede perder la flor que le dan porque después de esta vida no hay otra oportunidad.

De mis ojos está brotando llanto, pero voy a sacar niñez de mi pasado. Fina estampa que hiciste de muchos viajes en coche una veredita alegre con luz de luna o de sol, que ahora será una vereda cualquiera que habremos de recorrer cantando por si te pudiéramos alcanzar, ¡quién te pudiera haber guardado!

Una mujer que le cantó al amor y al desamor sin despegar los dientes. Siempre acompañada por guitarras o bandurrias, siempre con su dulzura característica. Una mujer que parecía eterna y que a partir de este mismo día lo es.

Esa mujer a la que querer como quería no le cabía en ningún bolero. Cuántos habrán buscado tu voz en todas sin encontrarla, cuántos se pellizcarán hoy sin creérselo, María Dolores.

No se estila, ya sé que no se estila, ni los hombres que saludan tocando el ala de su sombrero mejor ni las mujeres que agitan con donaire su pañuelo, pero a mí me da exactamente igual, agradezco a la vida el haber tenido la oportunidad de crecer escuchando la voz de la que llaman la gran dama de la canción en español. Agradezco tener tantas canciones que me recordarán mi infancia y a mis padres el día que me falten.

Tú que fuiste la flor de la canela, ve con jazmines en el pelo y rosas en la cara, camina airosa, recoge la risa de la brisa del río y ten buen viaje del puente a la alameda.

 

mariadolorespradera

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Queridos Reyes Magos, aquí mi carta

Queridos Reyes Magos,

No sé si he sido lo suficientemente buena, pero aquí va mi carta por si acaso aún estáis recibiendo peticiones de última hora.

Me gustaría que en este año no perdiésemos tanto el tiempo, que aprovechemos los 365 días con todas sus horas, minutos y segundos.

Que si hay una guerra, sea de almohadas. Que donde haya penas haya pan, pues dicen que así son menos y que cada alegría caiga donde haya al menos dos personas, ya que compartidas son mayores.

Que todo el que salga de casa, vuelva. Ni una más, ni una menos.

Que el que quiera curar, cure y el que quiera matar, se arrepienta a tiempo. Que los que quieran ofender no puedan y los que puedan no quieran.

Que a los que tienen las manos muy largas y los bolsillos muy grandes los metan en agua caliente para que encojan.

Que ningún niño deje de serlo, que nadie se avergüence de ser lo que es y menos por lo que digan los demás.

Que haya palabras que la R.A.E. saque del diccionario por desuso y que entren las que tengan que entrar, pero “cocreta”, por favor, no.

Que lleguen todos los que estén en camino, que nadie se vaya sin tener que irse y que los que se vayan lo hagan tranquilos.

Que seamos capaces de ver qué le falta a cada uno y que los que tenemos todo lo importante no nos quejemos tanto.

Que todos los zapatos que hay al pie de los árboles de Navidad o ventanas amanezcan mañana llenos de sueños cumplidos y si alguien se olvidó de poner el zapato, ponedlo vosotros, que se note que sois magos.

Con que el 2018 traiga todo esto me doy por satisfecha.

¡A trabajar, Majestades!

Joteras de récord

2 de abril, Día Mundial de concienciación sobre el autismo, día para romper barreras y para demostrarnos a nosotros mismos que todos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos, incluso cosas que no pensábamos que podríamos hacer.

¿Quién nos iba a decir a nosotras que nos vestiríamos de serranas en Segovia? ¿Quién nos iba a decir que formaríamos parte de un Récord Guinness?

La Asociación Autismo Segovia y el Ayuntamiento de Segovia lanzaron la convocatoria, los demás hicimos el resto y conseguimos que el día 1 de abril 766 personas bailaran la misma jota vestidas con el traje regional. No sabemos aún si hemos conseguido el récord, por alguna razón que desconozco tardan 2 meses en emitir un veredicto, pero la experiencia nos la hemos llevado puesta y en esto sí sabemos que hemos salido ganando.

Y digo que hemos salido ganando porque nos decidimos a ir, aunque a mí ganas de quedarme en casa no me faltaron en algunos momentos. La causa, encomiable, la organización y las formas, un desastre.

Entiendo que hubiera ciertos requisitos que cumplir al tratarse de un Récord Guinness, pero lo demás sobra. Vale que haya que aprenderse la coreografía, vale que haya que ir vestido de tal manera, pero no se puede tratar a la gente como si fuera tonta, si se les avisa una vez, avisados están. Prefiero pensar bien y creer que nadie va a ir mal vestido adrede ni va a bailar algo distinto para reventar el acto, no siempre la humanidad es tan imbécil como acostumbra.

Dado el fin del acontecimiento no quieras poner más trabas, deja en el sofá de tu casa las recomendaciones que no sean imprescindibles, por mucho que te gustase que saliese todo perfecto, intenta que todo el que quiera ir, pueda, simplemente eso. En un momento dado nos asustamos por si no éramos capaces de bailar de tal manera que nos consideraran válidas para participar y ese sentimiento nace de la presión que se ha transmitido desde la organización, al menos yo lo he sentido así. Una cosa es cumplir unas normas para conseguir el récord y otra distinta bailar para ganar un premio a la excelencia, para eso organizas otra cosa.

Dudo que quien ejercía la presión fuera consciente de la cantidad de personas que con todas las ganas y la buena intención del mundo se pueden haber echado para atrás. Pongo un ejemplo muy claro, aunque pueda parecer extremo, resulta que había que bailar sin flequillo, que queda mal, sí, que las mujeres antes no lo llevaban, sí, que haya que poner esto como punto a cumplir me parece una idiotez. Había que llevar coleta, trenza o moño, ¿qué pasa con una mujer que a día 1 de abril no tenga pelo suficiente para llevar uno de esos peinados? ¿Qué pasa con una mujer que haya pasado una enfermedad y tenga el pelo justito para sujetarse el lazo? A lo mejor es la que mejor baila y a la que más ilusión le hace ir, pero quizás se amedrenta y se queda en casa, cuando discriminas puedes estar haciendo más daño del que crees, si en innecesario, ahórratelo. Estoy convencida de que si hubiéramos sido menos de los que se necesitaban para cumplir el récord no se habrían andado con estas tonterías.

En nuestro pueblo nos han educado en la inclusión y el compañerismo, no somos partidarios de que nadie se quede fuera por nimiedades ni caprichos. A veces lo importante no es lo obvio.

Lo de la organización es otro punto aparte, ¿cómo, con 800 personas registradas, te permites el lujo de poner sólo a 4 personas en los accesos? Nos dijeron que a las 7 estuviéramos en el acueducto y allí estábamos, como clavos, pero la cosa no empezó a moverse hasta las 19:45, cuando entraba un grupo grande taponaba todo, cuando entraban menores había que esperar a que los padres firmaran la autorización, ¿por qué no la colgasteis en internet para que la llevaran ya firmada? A las 20:30, cuando entramos, no había quién te colocase, podríamos habernos puesto donde quisiéramos, pero obedecimos y esperamos.

Tal vez ese fue nuestro error, no coger nuestra parcela y bailar a nuestras anchas. Bueno, ese y confiar en que la gente respetaría el espacio de los demás, pero esto es como todo, baile yo tranquilamente, que se fastidie el resto de la gente. Viendo los vídeos me da todavía más rabia, con los huecos que había y nos tuvieron apelotonados.

En fin, no todo va a ser quejarse, lo malo no superó a lo bien que lo pasamos y lo que sentimos y todo eso fue posible gracias a las 9 joteras a las que tuve el placer de acompañar y a nuestra representante y anfitriona, María José, que nos ofreció su casa para cambiarnos, su coche para llevarnos y su móvil para hacernos un sinfín de fotos y vídeos y encima hizo que su familia tuviera que soportarnos hasta bien entrada la noche.

Mi trenza aguantó gracias a la mano de Míriam y las 80 horquillas, ¡fue una suerte pasar el filtro! ¿Ves Mariepi? ¡Sí lo pasé!

Nos cuentan que quedó muy bonito porque íbamos al unísono para un lado y para otro y al darnos la vuelta todos los manteos volaban a la vez. Gracias a los vídeos me hago una idea de cómo se vio desde fuera, pero lo que mola es vivirlo desde dentro y además es inexplicable. Fuimos unas afortunadas al poder participar del ambiente, no somos profesionales, no sé siquiera si podríamos decir que bailamos bien, pero por descartado que no bailamos para lucirnos, bailamos por lo que sentimos bailando al toque de las dulzainas todas juntas, que bailar una sola no es bailar.

A pesar de la tensión de los últimos días no cambiaría nada de lo que vivimos​, el ensayar cada una cuando hemos podido, nuestra forma de identificar los pasos, el vestirnos todas juntas, los olvidos de última hora y el vuelco que dieron los corazones cuando nombraron a nuestro pueblo.

¡Vivan las joteras y viva el acompañamiento! Gracias a los que fueron a animarnos porque todo cuenta. Entre todos conseguimos que la tradición en nuestro pueblo no se pierda. Ellos nos aplaudieron aunque no supieran en qué parte de la maraña estábamos y a nosotras nos llegaron los aplausos aunque no supiéramos desde dónde venían.

Ese día bailamos por nosotras y por los que no pudieron ir, cumplimos con nuestra tarea, ¡ahora os toca a vosotros encontrarnos (y disfrutar)!

No sé si darán el récord o no, pero Cerezo de Abajo ha estado allí, bailando y animando, y eso no nos lo quita nadie.

Me despido de esta entrada con una foto desde nuestro camerino dedicándosela a Cristina, que de verdad se deja la piel y el sueño trabajando en lo que le llena y nosotras nos creímos que hicimos algo el sábado rompiendo un papel.

No todo lo cura el tiempo

Te fuiste demasiado pronto, a los 18 y hoy, 10 años después, a mis 30 pienso en cómo habrían sido las cosas si nada hubiese cambiado ese 5 de marzo.

En todo este tiempo he aprendido que no existen dolores más grandes o más pequeños, existen dolores distintos y no por sentir uno se deja de sentir otro. Cada uno de los que te conocimos lleva un dolor diferente, el que le corresponde, ni Fulanito puede sentir el de Menganito, ni viceversa. He aprendido también que lo más inútil que se puede hacer en estos casos es dar explicaciones, el que lo entiende no necesita aclaraciones y el que las necesite no lo va a entender.

Luchaste sin ser trending topic, pero no por eso mereces menos respeto, no por eso tiene que doler menos que no estés. Hemos llegado a un punto en el que creemos ser partícipes del dolor de los que no conocemos y me preocupa. Lo máximo a lo que podemos aspirar es a compartir la pena, porque el dolor no se reparte. ¡Estamos vendiendo tan cara la empatía! ¿De verdad queremos correr el riesgo de no llegar a distinguir la complicidad de la lástima con lo distintas que son? Después de tantos años y tantos días vestidos de negro me queda claro que a cada uno le duele lo suyo y tu dolor me lo encontré en Twitter.

Tengo una buena noticia, no nos hemos desviado mucho, hemos sido capaces de no volvernos imbéciles, locas sí, más de una vez, pero lo importante lo seguimos teniendo claro. Sabemos que tenemos que aprovechar las oportunidades que tú no tuviste, que tenemos que estar a una, que seguimos debiéndote muchas cosas.

No nos queda otra que seguir contando años, es a lo que nos tenemos que resignar. Nuestra esperanza es que sigan pasando sin que cambie la esencia, sin que llegue un año en que nuestra quedada homenaje sea un mero recuerdo, sin que dejemos de saber las unas de las otras.

Ese maldito lunes dejaste una huella imborrable, ese maldito lunes te convertiste en un pegamento que, por suerte, hasta hoy nadie ha conseguido eliminar. Gracias por abrirnos los ojos, gracias por dejarme unas amigas que valen su peso en oro. Donde estés cuida de nosotras, por favor.

No es generosidad todo lo que reluce

Vaya por delante que dejo bastante que desear en cuanto a generosidad en estas cosas, que las palabras agujas, pinchar y extraer me dan cierto respeto y que cada uno puede hacer lo que le venga en gana, pero esto tengo que contarlo para transmitir el asombro aprovechando que acabamos de terminar el Día Mundial de la lucha contra el cáncer.

La semana pasada nos tocó visitar el hospital, en la misma habitación que mi padre ingresó un señor de entre 60 y 65 años, calculo, acompañado de su mujer y su hija. Durante lo que normalmente nos parece una espera eterna, vino una investigadora médica para hablar con él. Esto es algo que yo no sabía, pero resulta que si un paciente con cáncer ingresa en un hospital, intentan buscar a alguien con sus mismas características de sexo y edad que no padezca esa enfermedad para hacer una comparación entre ambos que ayude a la investigación.

La chica le contó que había un paciente con cáncer de páncreas cuyas características coincidían con las suyas, entonces habló del estudio a realizar, consistía en obtener una muestra de saliva, orina, heces y, aprovechando que tenía la vía puesta, un poco de sangre. Mi intención era seguir a mis cosas, lo que estaba pasando en la cama de al lado no era asunto mío, así que continué intentando distraer a mi padre, pero mi cabeza se volvió hacia la familia instintivamente sin poder evitarlo cuando oí un tajante “no”, mientras pensaba: “no me lo puedo creer, si es la prueba más fácil que te pueden hacer”. La mujer opinaba que no tenía que participar porque en estas cosas siempre hay que leer la letra pequeña. La hija pidió que dejaran el papel informativo para leerlo y pensarlo mejor.

En caliente pensé en que ojalá nunca tuvieran que buscar a alguien sano para compararlo con ella, ni con sus hijos, ni con los hijos de sus hijos, pero al pensarlo fríamente, me di cuenta de que lo que sentía era lástima, lástima de la mentalidad generalizada de gran parte de la sociedad. No entiendo cómo somos tan hipócritas de llevarnos las manos a la cabeza cuando salen cifras de personas que sufren esta maldita enfermedad, cuando escuchamos que no hay fondos para la investigación, etcétera, etcétera.

No sé qué decidió el señor al final, si dijo que no, no le culpo, quizás yo habría dicho lo mismo. Nunca se puede decir esa decisión no la tomaré, por mucho que lo meditemos, ninguno sabemos qué haríamos en una situación hasta que se nos presenta. Todos sabemos que hace falta que investigar, todos apoyamos la lucha contra el cáncer, pero cuando nos toca a nosotros la cosa cambia, por miedo, por ignorancia o por lo que sea, pero reculamos que da gusto.

Mi admiración a todos los que investigan, a los que los apoyan y a todos los que se prestan para que la investigación siga adelante. Ojalá todos seamos capaces de decir que sí cuando nos propongan colaborar, ¡ojalá llegue el día en que el cáncer no necesite ser investigado!