Minutos que serán una eternidad

Es indiscutible que el 11M marcó un antes y un después en Madrid. Atocha, el Pozo, Santa Eugenia y la Calle Téllez quedaron marcadas de por vida de la misma forma que quedó marcado el sentir de esta ciudad.

Es verdad que con el 11S lo de que la realidad supera a la ficción había empezado a ser más cierto que nunca, es verdad que vivíamos en una amenaza constante, pero todo sonaba tan lejano…

Y de repente, el horror, de repente noticias que llegan sin que los que las transmiten quieran contarlas, sin que los que las reciben quieran oírlas. De repente, explosiones que parecen no tener fin, cifras que aumentan por segundos e imágenes durísimas. De repente, silencio, ya dije en “No me gusta cuando callas, porque estás como ausente” que es lo que más me impresionó. De repente incredulidad, de repente un golpe al que no estábamos acostumbrados, que nadie podía imaginar, como si los que había vivido el país hasta ese momento no hubieran sido suficientes. Todo de repente, todo en apenas unos minutos que cambiaron la historia de Madrid, de España, de Europa. Le puede pasar a cualquiera en cualquier sitio. Me atrevería a decir que es la conclusión que sacamos ese día.

Quince años después las preguntas siguen siendo las mismas, quince años después nadie entiende el por qué. Quince años después seguimos viendo una mochila abandonada y se nos hiela la sangre. Quince años después se nos sigue poniendo un nudo en la garganta viendo los documentales. Quince años después, los escalofríos que sentimos al visitar la azotea de Atocha donde gente anónima había dejado flores, velas y mensajes vuelven a recorrer nuestro cuerpo.

Parece mentira que algo que sucedió en tan poco tiempo tarde tanto en cicatrizar, si es que lo hace algún día.

11mforges

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La igualdad se consigue igualando

He releído la entrada que publiqué hace 2 años y veo que casi todo lo que dije sigue vigente, quizás esa sea la lástima. A ver si al año que viene el panorama es diferente.

Este año las mujeres de toda España han vuelto a salir a la calle para seguir reclamando la igualdad que tanto se promete, pero que nunca llega. Como las cifras bailan según quién las dé, voy a basarme en lo que yo he vivido. Mi sensación es que en Madrid había más gente que el año pasado, pero que la huelga ha tenido menos seguimiento. Sea cuales sean los números, las fotografías que muestran las calles llenas impresionan. Calles a rebosar de mujeres y de niñas, sobre todo, pero también de hombres y niños, no sé por qué muchos medios hablan sólo de mujeres, como si no estuviéramos juntos en esto. El reconocer que hubo muchos hombres que asistieron a las marchas también es igualdad.

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Manifestación Madrid, 8 de marzo de 2019

Después de la resaca de la manifestación y tras ver que del año pasado a este no hemos avanzado prácticamente nada, he sacado mis propias conclusiones y tengo unas cuantas cosas claras. En primer lugar, no me hace ninguna gracia ver a políticos o consortes en la manifestación, sean del color que sean y ocupen el puesto que ocupen. Es más, me parece una falta de respeto, ellos son los únicos que pueden hacer algo para que las cosas de verdad cambien y no lo hacen y luego se atreven a sujetar una pancarta o a aprovecharse de la gran afluencia de asistentes para lanzar amenazas del tipo “esto es lo que os espera” o apuntarse el tanto que han marcado otros, creo que todo eso sobra, el oportunismo de este país no tiene fin.

No termino de comulgar con todos los lemas que se gritan durante el recorrido. Entiendo que es un día para expresar la rabia por las injusticias que viven las mujeres, pero considero que se mezclan cosas que pueden desviar la atención. Para mí no tiene mucho sentido ver banderas en convocatorias como estas, ni políticas, ni la oficial del país, ni cualquier otra. Estamos reclamando igualdad entre hombres y mujeres, estamos pidiendo amparo para que todas las que salgamos de casa volvamos sanas y salvas y que a los que impidan que esto pase los castiguen como se debe, ¿por qué mezclamos las cosas? Siempre he pensado que lo de que el que mucho abarca, poco aprieta es una verdad como un templo. Sin embargo, hay un lema con el que sí estoy de acuerdo, la lucha sigue. La lucha diaria, porque está casi todo por hacer y nadie parece tener prisa, con lo que urge.

Me aburren mucho las puyas que los partidos políticos intercambian como si esto fuera un partido de tenis y las mujeres fuéramos las bolas y antes de cada saque eligiesen con cuál de todas nuestras reivindicaciones van a jugar. A ver si empezamos a dejar de perder el tiempo y realmente nos ponemos a hacer algo para que la igualdad sea real en todos los ámbitos y que las mujeres no sufran por el simple hecho de serlo.

Déjense de tonterías como nombrar el femenino de cada palabra en los discursos, ¿de verdad creen que así las mujeres nos damos por incluidas y satisfechas? ¡Eso es una treta para ganar puntos y que parezca que hacen algo! Eso sólo se lo consentía a mi madre cuando nos negaba algo, “ni videoconsola, ni videoconsolo”, decía. Ustedes no están al nivel, así que, por favor, se lo ahorran.

Lo de la paridad es otro invento del demonio, me suena a chiste lo de que a una mujer le concedan un puesto para el que puede no estar capacitada simplemente para alcanzar un porcentaje y cubrir los objetivos. Me conformaría con que si realmente estuviera capacitada no se le pusieran palos en las ruedas, ni se le hicieran preguntas inapropiadas.

Gracias al 8 de marzo he aprendido el significado de la palabra sororidad. Una de sus acepciones es “relación de solidaridad entre las mujeres, especialmente en la lucha por su empoderamiento”. Lo de empoderamiento me suena mucho a ejército, pero he visto que significa hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido y me he quedado más tranquila, porque otra cosa no, pero las mujeres desfavorecidas, estamos.

Las mujeres no luchamos contra nadie, sino por nosotras. Las mujeres no peleamos tirándonos de los pelos o revolcándonos en el barro como a muchos les gustaría vernos. Las mujeres dejamos claro lo que valemos con hechos. Ansío que llegue el día en que la mujer no tenga que demostrar que puede hacer algo y se dé por supuesto que es así, tal y como pasa con los hombres.

Tengo la suerte de vivir y trabajar con y para muchas mujeres que ni aceptarían un trato vejatorio, ni esperan un trato de favor por su condición. Mujeres que no buscan pisar a nadie, sino que extienden el brazo y cobijan a todo el que quepa debajo.

Afortunadamente no necesité hacer huelga o gritar un lema específico, pero fui a la manifestación porque consideraba que tenía que estar apoyando a las que sí están en esa situación. Al fin y al cabo, a todas nos puede pasar. Supongo que, en este momento y tal y como está el patio, es la sororidad la que nos empuja a remar todas juntas en la misma dirección, aun cuando muchas no sabíamos ponerle nombre a esa fuerza.

Mi humilde agradecimiento a todas las que lucharon para que las demás podamos trabajar, votar, decidir, hablar en público o, simplemente, salir a la calle sin el permiso de un hombre.

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Manifestación Madrid, 8 de marzo de 2019

El que no pite, no pasa

La semana pasada viví una situación de esas que si no las ves, no las crees y me veo en la necesidad de compartirla.

Un miércoles en Madrid a las 9 de la noche, para ser febrero, calor. Cojo el autobús en Gran Vía, hasta ahí todo normal, el problema viene cuando el autobús llega a Princesa.

Disculpad si doy muchos detalles, pero los tiempos son importantes en este caso. Para poneros en contexto y que lo visualicéis, tenemos la parada y seguidamente un paso de cebra, el semáforo en ámbar para los vehículos. El autobús que iba delante del mío se va y el mío hace su parada, según arranca veo que desde el otro lado de la acera vienen 2 chicos de menos de 30 años corriendo con su semáforo intermitente. Cuando el autobús ya ha salido completamente de la parada los dos chicos llegan al lateral del autobús que da a la carretera, donde estoy yo sentada, y uno de ellos, el golpeador a partir de ahora por razones evidentes, golpea una de las lunas para llamar la atención del conductor (esto último es suposición mía, pero es la única posibilidad que veo). Rápido dan la vuelta al autobús y el golpeador comienza a aporrear el cristal de la puerta al grito de: “abre”, perdón, “¡¡ABRE!!”. El conductor le indica amablemente que ya ha pasado la parada y no puede abrir, pero al parecer al chico no le convence la explicación y decide saltar la fila de arbustos y ponerse delante del vehículo en el carril bus, con lo cual el autobús queda bloqueado.

Lo que viene a continuación es como una discusión de Pimpinela, pero sin banda sonora. Un toma y daca con frases tan bonitas y profundas como: “no me voy a mover”, “quítate de ahí”, “voy a denunciarte”, “denuncia lo que quieras, ya he llamado a la policía y está todo grabado”. La lástima es que el autobús no podía olvidarlos y pegar la vuelta, así que allí parados, como tontos, como si no tuviéramos otra cosa que hacer.

Por un momento me sentí como los peces del zoo, en un tanque de cristal mientras el público veía el espectáculo que estábamos dando. Los del autobús callados, atónitos, otro autobús de la misma línea que llega, ve el percal, no entiende que nos estamos bajando para cambiarnos y se va, ¡vuelta para arriba! Los chicos allí parados y, aunque suene a tópico, un hombre oriental grabándolo todo, vamos, que a la historia no le faltó de nada.

De esto que llegan dos coches de policía, el conductor explica a los agentes que la EMT le ha dicho que encienda el grabador y que tiene todo grabado, cuenta la historia como fue y cuál es mi sorpresa que un policía dice que el chico lo que alega es que el conductor ha intentado atropellarle. ¿Atropellarte de qué? Venir hacia el autobús como viniste es arriesgarte a que te pille, es como tumbarte en un jardín en el que están los aspersores encendidos y querer salir seco, sobre todo si el jardinero no te ve y no le das tiempo de apagarlos.

Es verdad que me revienta llegar a la parada y que se vaya el autobús delante de las narices, pero entiendo perfectamente que no puedan parar si ya han pasado la marquesina. Seguramente sea porque antes lo hacían, alguien tuvo un percance y vieron que esa era la mejor solución para evitar problemas, con lo cual, si no has llegado, te toca esperar al siguiente. Tampoco conozco la urgencia del chico, pero si realmente tenía prisa, esa era la peor de las opciones, nosotros nos montamos en el siguiente autobús que vino y ellos se quedaron allí con la policía. Personalmente me dio vergüenza ajena, no sé en qué momento se cruza la línea de querer hacer de tu capa un sayo a querer hacer el ridículo y más cuando una chica se sube y pregunta qué ha pasado porque el chico le ha dicho: “cuidado con el conductor, que es un machito”. No quiero pensar qué habría pasado si la conductora hubiera sido una mujer. Creo no fui la única que vio el sinsentido, el amigo del golpeador, al que realmente había forzado a ponerse a su lado, llegado el momento saltó los setos y se fue a la acera, dejando a su amigo solo frente al autobús.

Me da miedo pensar que esto es una consecuencia de hacerse mayor, no me refiero sólo a lo de la falta de educación de creer que puedes parar el tráfico en el centro de Madrid porque te da la gana, también a lo de no acordarse de cómo se juega. Cuando éramos pequeños, si el conductor pitaba, se desmontaba la barrera humana, ahora los que no pitan no pasan y los que pitan, a veces, tampoco.

Fina estampa

Es lo que tiene tener padres mayores, que te inculcan cosas que no te habrían inculcado otros, que te dan la oportunidad de disfrutar de voces de las de antes, de las de siempre.

Resulta que mis padres siempre quisieron ir a un concierto de María Dolores Pradera y nunca lo hicieron, seguramente para dar a sus hijos cualquier otra cosa. Se conformaron con los discos de vinilo primero y las cintas de cassette y los CDs después. Ellos lo recordaban hoy con pena, yo les escuchaba con rabia, quizás pensaron que habría otra ocasión más adelante, ocasión que nunca tendrán. Al final va a ser verdad que el potro da tiempo al tiempo porque le sobra la edad, caballo viejo no puede perder la flor que le dan porque después de esta vida no hay otra oportunidad.

De mis ojos está brotando llanto, pero voy a sacar niñez de mi pasado. Fina estampa que hiciste de muchos viajes en coche una veredita alegre con luz de luna o de sol, que ahora será una vereda cualquiera que habremos de recorrer cantando por si te pudiéramos alcanzar, ¡quién te pudiera haber guardado!

Una mujer que le cantó al amor y al desamor sin despegar los dientes. Siempre acompañada por guitarras o bandurrias, siempre con su dulzura característica. Una mujer que parecía eterna y que a partir de este mismo día lo es.

Esa mujer a la que querer como quería no le cabía en ningún bolero. Cuántos habrán buscado tu voz en todas sin encontrarla, cuántos se pellizcarán hoy sin creérselo, María Dolores.

No se estila, ya sé que no se estila, ni los hombres que saludan tocando el ala de su sombrero mejor ni las mujeres que agitan con donaire su pañuelo, pero a mí me da exactamente igual, agradezco a la vida el haber tenido la oportunidad de crecer escuchando la voz de la que llaman la gran dama de la canción en español. Agradezco tener tantas canciones que me recordarán mi infancia y a mis padres el día que me falten.

Tú que fuiste la flor de la canela, ve con jazmines en el pelo y rosas en la cara, camina airosa, recoge la risa de la brisa del río y ten buen viaje del puente a la alameda.

 

mariadolorespradera

Queridos Reyes Magos, aquí mi carta

Queridos Reyes Magos,

No sé si he sido lo suficientemente buena, pero aquí va mi carta por si acaso aún estáis recibiendo peticiones de última hora.

Me gustaría que este año no perdiésemos tanto el tiempo, que aprovechemos los 365 días con todas sus horas, minutos y segundos.

Que si hay una guerra, sea de almohadas. Que donde haya penas haya pan, pues dicen que así son menos y que cada alegría caiga donde haya al menos dos personas, ya que compartidas son mayores.

Que todo el que salga de casa, vuelva. Ni una más, ni una menos.

Que el que quiera curar, cure y el que quiera matar, se arrepienta a tiempo. Que los que quieran ofender no puedan y los que puedan no quieran.

Que a los que tienen las manos muy largas y los bolsillos muy grandes los metan en agua caliente para que encojan.

Que ningún niño deje de serlo, que nadie se avergüence de ser lo que es y menos por lo que digan los demás.

Que haya palabras que la R.A.E. saque del diccionario por desuso y que entren las que tengan que entrar, pero “cocreta”, por favor, no.

Que lleguen todos los que estén en camino, que nadie se vaya sin tener que irse y que los que se vayan lo hagan tranquilos.

Que seamos capaces de ver qué le falta a cada uno y que los que tenemos todo lo importante no nos quejemos tanto.

Que todos los zapatos que hay al pie de los árboles de Navidad o ventanas amanezcan mañana llenos de sueños cumplidos y si alguien se olvidó de poner el zapato, ponedlo vosotros, que se note que sois magos.

Con que el 2018 traiga todo esto me doy por satisfecha.

¡A trabajar, Majestades!